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Se suponía que aquel iba ser un día tranquilo, un viernes
cualquiera de comienzos de mes. Las luces de Navidad estaban ya encendidas y
las partidas de libros habían sido entregadas, listas para las compras
compulsivas de aquella época del año. Así que solamente quedaba esperar a que
llegaran las vacaciones para poder disfrutar de un merecido descanso.
